dimecres, 16 d’abril del 2008

Furia desbocada

Nos complacíamos; satisfacíamos nuestras naturalezas específicas de vez en cuando, sin tener demasiado más en común. Habíamos firmado un pacto de complacencia mutua, sin debernos casi nada el uno al otro.
Era de noche, cuando escuché -provinente de la penumbra que habitaba esa habitación, tan solo iluminada por el reflejo de Hécate: Te voy a lamer de arriba a abajo, como a un dulce caramelo. Lamiéndote soy feliz.

Su cuerpo enfurecido se avalanzó sobre el mío, apresándome entre sus piernas y sus brazos como si se tratara de una doble tenaza muy poderosa; estrechándome el brazo izquierdo entre el cuello y la nuca, apretó sus labios contra los míos y metió rápida y hábilmente la lenguya en mi boca, mientras su mano derecha me descordaba los botones del pantalón e introducía con destreza sus dedos esbeltos en mis calzoncillos.
Me arrancó la ropa y empezó a agitarse con mi sexo junto al suyo, con mucha energía; notaba el ardiente nervio que me recorría el cuerpo..., los abduptores, el abdomen, la espalda, la mandíbula, los trícepts..., pero sobretodo el pene. Ella lo sentía, sentía que se me endurecía y agrandaba entre las piernas, en su sexo fundido con el mío en el calor de su aparetamento.
Era una fiera que se agitaba como desvocada, balanceando sus senos, gimiendo con bravura; parecía poseerme, como si fuera a devorarme. Ambos sudábamos, y ella no paraba. Estaba a punto de correrme y seguía lanzando sus senos, todo su cuerpo sobre mí, a un ritmo acompasado que avanzaba acelerándose; sentía su aliento en el rostro y ella el mío. Empecé; me estaba corriendo y ella seguía en su fuerza desvocada moviéndose como torbellino descontrolado; tenía el corazón aceleradísimo, las mejillas rojas, y mis ojos se abrieron como platos sin fijarme en parte alguna. Y ella no descendía en su fierez, sacándome todo, ya casi sin más que dar; y ella seguía y seguía...
Cesó en un suspiro largo y sensual, con mi polla empezando a blandear dentro suyo. Me sacó hasta la última gota, y dejó caer lentamente su torso sobre mí, besándome en los labios, descansando su pecho sobre el mío, mientras sentía su respiración relajada proveniente de su boca, de sus labios carnosos separados por espacio de un hilo, junto mi oreja, con varios mechones de su pelo rojo que se posaban sobre mi cara; un pelo brillante que olía muy dulcemente. Me besó otra vez la mejilla y se lo devolbí en el cuello, regalándome una sonrisa; me quedé luego unos minutos despierto contemplando la finura de su rostro, sus mejillas definidas delicadamente y sonrojadas por el sexo, la nariz tan acorde al conjunto, ni muy menuda ni muy estrecha ni lo contrario; el pelo suelto y agitado, descubría algunas pequeñas pecas no muy oscuras en su frente, su cuello, su espalda, sus mejillas.
Se acurrucó en la cama, describiendo un perfil junto al mío, una figura esbelta y sensual, levemente cubierta por la delgada sábana de un tono rosado suave -que parecía desteñido-; los primeros destellos del alba que despuntaba, peinaban la blanca mejilla izquierda y peinaban su delicado seno, brillándole el pelo como fuego que acaba de emprender ignición. La finura de sus facciones, con los ojos cerrados, y un rostro que mostraba descansar apaciblemente, me la revelaron como un ángel que había caido sobre mis brazos esa velada.

2 comentaris:

nyusca ha dit...

Está bastante bien, aunque quizá es demasiado técnico para que a mi me llegue... Te felicito.

Anònim ha dit...

Cariño la chica de antes se me ha adelantado, e iba a decir algo parecido.

Me ha gustado pero es bastante tecnico.. y lo técnico es contrario a lo erótico.

Nice.